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Producción

¿La fruta en verano? Entra como piña

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Foto: eltribuno.com

|Argentina|

A pesar de que los argentinos no comemos la cantidad de fruta que deberíamos, hay tradiciones que no cambian. Si pensamos en el verano, en las frutas, en las fiestas y en el postre es imposible no pensar en el ananá. En lata, en fresco o en algún que otro trago la fruta tropical ya es parte del menú fijo de las familias argentinas.

El ananá es originario de América del Sur, no se sabe con exactitud, pero se estima que es propia de los bordes meridionales entre Brasil, Argentina y Paraguay. Su nombre viene del guaraní y significa “perfume de los perfumes”, en otras regiones se la conoce también como piña. La principal diferencia, a simple vista, son sus hojas: el ananá tiene hojas con bordes aserrados y la piña tiene hojas lisas. Además el fruto del ananá se puede consumir en su totalidad, mientras que la piña tiene un centro duro qu no se come.

Tanto el ananá como la piña, son las frutas tropicales más populares en el mundo y también lo son entre los consumidores argentinos a pesar de que por año solo comemos 714 gramos. ¿Será que solo nos acordamos del ananá en las fiestas?

En nuestro país la producción de ananá se ubica principalmente al norte, Misiones es la provincia que encabeza la lista. El clima, la humedad y la fertilidad de la tierra colorada permiten generar las condiciones agroclimáticas ideales para cultivarla. Allí existen aproximadamente 700 hectáreas implantadas y Colonia Aurora es la cuenca productora por excelencia. De hecho, en esa localidad se realiza todos los años la Fiesta Provincial del Ananá. Las provincias de Salta, Formosa y Jujuy también cuentan con algunas hectáreas en producción, pero su aporte es mucho menor.

Las cosechas comienzan en diciembre y la fruta dura en los mercados hasta febrero/marzo. La mayoría de las provincias se dedica al abastecimiento de sus mercados de cercanía, solo Misiones aporta algunas toneladas a grandes centros comerciales como es el Mercado Central de Buenos Aires. Pero los volúmenes son muy bajos.

Vale mencionar que en paralelo a las cosechas argentinas se importa ananá de Ecuador, Brasil -segundo productor mundial-, Paraguay y Bolivia. Esto sucede porque la cantidad de hectáreas y los volúmenes productivos que tenemos en el país no alcanzan para satisfacer la demanda interna durante el verano. Así es que las frutas extranjeras cubren el 79% del mercado interno argentino y solo el 21% es producción propia.

Además, es importante tener en cuenta que el ananá no solo se consume como fruta fresca. También tiene como destino la industria, para la elaboración de fruta trozada y enlatada o de pulpa. A este rubro se dirige el 40% de las cosechas.

Se estima que en América existen al menos 3000 especies de piñas, pero en Argentina las variedades más consumidas son la Cayena lisa o Hawaiana que se caracteriza por ser de color anaranjado en su exterior, pulpa amarillo claro y su principal destino es la industria. Por otro lado, está la Perola de color amarillo tanto en la pulpa como en la cáscara y es requerida por la agroindustria por su gran contenido de jugo.

Finalmente, encontramos la variedad a Golden o Amarilla que es muy dulce, aromática, de color verde amarillenta, tiene pulpa firme con alto contenido de azúcar y de tamaño la más pequeña. Pero, la preferida de todos para su consumo en fresco.

 

Si bien Misiones tiene todas las condiciones para producir ananá en escalas mayores, actualmente la fruta no representa un cultivo de importancia como lo es la yerba, el té o el tabaco. El problema radica en los riesgos climáticos que deben enfrentar los productores, como en la mayoría de las actividades frutihortícolas.

Uno de los factores más importantes en ese sentido son las heladas tardías. A diferencia de otras partes del mundo donde se produce ananá, como son los países con climas tropicales, Misiones es una provincia que padece la aparición de tormentas y heladas primaverales, lo que pueden generar pérdidas.

Los suelos rojos, toscos y sueltos son ideales para el ananá, pero deben contar con buen drenaje. El desnivel de los mismos también representa una problemática, ya que para desarrollarse el ananá requiere suelos planos. Demanda además importantes cantidades de agua para riego y los tratamientos fitosanitarios, pero no debe encharcarse porque pueden aparecer enfermedades u hongos por exceso de humedad.

La rotación de cultivos también es un punto importante. Según los especialistas, el ananá no debe plantarse más de cuatro años en el mismo lugar. En el caso de cultivarse en suelos que ya hayan sido utilizados, es necesario eliminar los restos de los cultivos para un mejor desarrollo de las raíces porque requiere muchos nutrientes. Al igual que el resto de los cultivos, la deficiencia en nitrógeno retrasa su crecimiento y pueden aparecer plantas “enanizadas” y color amarilleamiento en las hojas. También el crecimiento del fruto y los tallos pueden verse afectados.

Los ananá o piñas son frutas no climatéricas que deben cosecharse cuando el proceso de maduración se completó y están listas para ser consumidas. Esto, las vuelve un producto delicado para su traslado: se debe evitar los golpes y mantener en climas fríos para su conservación.

Foto: (Revista Chacra)

Los invernaderos son otra opción viable para esta fruta tropical porque permiten multiplicar los rindes sin perder la calidad de los cultivos, aunque por el microclima que en ellos se genera los riesgos fitosanitarios también son mayores. En el año 2013, un equipo de INTA Misiones desarrolló un protocolo donde ofrecieron a los productores una guía para introducirse en el cultivo de ananá bajo cubierta.

“Este cultivo está pensado como una alternativa para productores hortícolas que ya producen bajo cubierta como modo de diversificar su oferta. Es un ingreso interesante para él y su familia por tratarse de un cultivo que no necesita mucha mano de obra, al contrario de las hortalizas”, explicó en su momento a Revista Chacra el ingeniero, Fabio Wyss.

Corrientes, es otra de las provincias que puso en marcha algunos ensayos para determinar las posibilidades de cultivar ananá. En 2019, investigadores de a Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE) implementaron un proyecto para estudiar e identificar las condiciones de la provincia para el crecimiento de las plantas de ananá. Como sistema productivo potencial  y una de las mejores opciones para este cultivo los investigadores también pensaron en los invernaderos. Sin embargo, los estudios se hicieron también a campo.

"Buscamos estudiar el efecto del sistema de cultivo y fertilización, sobre un conjunto de variables asociadas al crecimiento de las plantas de ananá. Las condiciones ambientales que se presentan en el sistema de cultivo de invernadero, principalmente en épocas de menores temperaturas, favorecen la actividad fotosintética de las plantas de ananá", comentó a un medio local la Doctora Paula Alayón Luaces, directora del proyecto de investigación.

La inversión que requiere la producción de frutas tropicales, en este caso ananá, es otra de las grandes limitantes entre los fruticultores. Ya sea a campo o bajo cubierta, es un cultivo que demanda mucho dinero y por el que se tienen que correr grandes riesgos. Aunque también hay que destacar que el ananá es una fruta que tiene buenos precios en los mercados.

En verano, cuando más oferta de ananá hay, los precios no son lo más accesibles. El motivo es que justamente el mayor porcentaje de la fruta es importada y los costos de transporte o de la logística para que el ananá llegue a los mercados son mucho más alto.

Actualmente, en el Mercado Central de Buenos Aires y en el Mercado de Abasto de Córdoba el ananá importado de Ecuador, Brasil y Paraguay cuesta entre 100 y 140 pesos el kilo, Estas se comercializan en cajones de 18-20 kilos.

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